Un árbol crece en Brooklyn

En el último tercio de este libro, Francie, la protagonista, tiene una conversación con su profesora de lengua. La señorita Garnder se pregunta qué le ha pasado a su mejor alumna, antes escribía unas redacciones muy bonitas y ahora son sórdidas y desagradables. No son adecuadas para una niña de tan buenos modales, «la pobreza, el hambre y la embriaguez son temas desagradables. Todos admitimos que estas cosas existen, pero no se escribe sobre ellas». El problema es que para Francie este no es el tema de una redacción, ni una historia que se inventa. Es su vida. Imaginaos con 12 o 13 años, ninguna expectativa en la vida excepto confiar en tu educación y tus ganas de escribir; y que no solo crean que lo que tú eres es una ficción, sino encima una que no debe ser contada.

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Creo que solo por este pasaje recomendaría este libro.

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