Middlemarch

«¿Existía alguna trama ingeniosa, alguna complicada línea de acción que pudiera detectarse con una cuidadosa observación telescópica?».

Todos sabéis a estas alturas que en el mes de febrero me propuse leer Middlemarch, en la excelente compañía de todos aquellos a los que os apeteciera. Para los que tan solo queréis saber que tal me ha ido, os doy la versión corta: me ha encantado. Ahora intentaré explicar porqué, pero de cualquier manera os animo a leer este novelón y comprobarlo por vosotros mismos.

middlemarch

Middlemarch es el ejemplo por excelencia de las grandes novelas victorianas multi-plot, y la mejor forma de describirla es como una minuciosa observación de la clase media rural inglesa de alrededor de 1830, un poco antes del reinado de Victoria (aunque fue publicada entre 1871 y 1872 en diversas entregas recogidas posteriormente en ocho volúmenes, no los típicos tres, la acción transcurre antes de la época victoriana). Y es que una de las cosas que más me llamó la atención de su lectura durante las primeras cien páginas fue la presencia aquí y allá del microscopio como símbolo. Ciencia, observación y pequeños microcosmos formados por las relaciones de elementos aún más pequeños son algunos de los hilos principales que conforman la red desarrollada en sus casi novecientas páginas. No por nada el subtítulo de la obra es «un estudio de la vida en provincias».

«Se daba por sentado que el parecer de las mujeres tenía muy poco peso, pero la gran salvaguarda de la sociedad y de la vida doméstica consistía en que las ideas no determinaban la conducta. Las personas en sus cabales se comportaban igual que sus vecinos, y así, si había algún loco suelto por la zona, siempre era posible enterarse y evitarlo».

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Qué verde era mi valle

«Cúan verde, verde y brillante al sol, era mi Valle aquel día».

Había leído en varias ocasiones que Qué verde era mi valle (Richard Llewellyn, 1939) era el Mujercitas para chicos (vayan ustedes a saber qué significa eso). No estoy muy convencida de esa etiqueta. Lo que yo os diría es que es una nostálgica carta de amor a la memoria de una vieja Gales minera, verde en la superficie pero negra y destrozada por dentro, y a sus humildes habitantes, familias capaces de sobrevivir a cualquier cosa pero condenadas a desentenderse en tiempos de miseria y cambio. Familia solo hay una, y como los Morgan, pocas.

que verde era mi valle

Creo que debéis saber de entrada que le he encontrado algún pero al libro, en momentos me pareció que se había quedado algo anticuado, es un pelín moralista y habría preferido un narrador que ofreciera algo más de claridad de ideas, ya que ciertas reflexiones se me quedan perdidas entre sus emociones. Aunque, en ese caso, tendríamos otro libro. Así que con lo negativo ya sobre la mesa, confieso lo mucho que disfruto de este tipo de historias, aquí con 665 páginas en las que vivo con la familia Morgan: como con ellos, canto y asisto a la capilla, sufro con los golpes que se llevan y los errores que comenten, me emociono con su valor (con esto mucho, hay un incidente en el primer tercio del libro que me tuvo literalmente pegada a sus páginas, creo que ni respiré). Maldigo el tiempo que obliga a su narrador, Huw, a crecer y no poder disfrutar de ese verde valle para siempre. Huw es un pequeño héroe de lo cotidiano que respeta el silencio en las comidas porque la cocina de su madre es sagrada, se enfurece ante aquellos que no lo quieren sacar de su ignorancia con unas pocas palabras, o con los que son los encargados de enseñarle pero vuelcan toda la crueldad del mundo en los más débiles, comprende que los besos son extraños porque mezclan tontería y tragedia, y deja que se le enfríe todos los días el té para salir a saludar a su hermanita que tira camino arriba por el valle.

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Cabaret Biarritz

Cabaret Biarritz, de José C. Vales, es la última ganadora del premio Nadal. Y yo la he disfrutado un montón.

cabaret biarritz

Esta novela ha sido como unas vacaciones literarias. Estaba algo atascada tras un par de lecturas de esas que ni fú ni fa, y necesitaba algo tan divertido como inteligente. En pocas páginas estaba enganchada y totalmente sumergida en a esa Biarritz de los años 20, decadente y surrealista, llena de mentiras y pose, que mezcla lujo y lujuria. Hay intriga, es casi de género detectivesco; pero con un retrato social de la época y sus gentes (o con como a ellos los hemos conocido a través de la literatura) de una forma bastante irónica, absurda y con un punto oscuro, pero siempre muy divertida. Y es que seguramente lo más atractivo de entrada sea el humor que hay en ella, junto por supuesto la invitación al lector de resolver las cinco muertes. Cómo es posible que la ayudante de la librería acabara muerta y desnuda, colgando de una argolla del puerto. Por qué un joven se pegó un tiro en la celebración de un compromiso de matrimonio. Cómo acabaron tres personas ahogadas la misma mañana. Y sobre todo, qué narices pasó en los funestos quince escalones del Hôtel des Princes.

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Mil otoños

Mil otoños (“The Thousand Automns of Jacob de Zoet”), David Mitchell, 2010. Me ha gustado mucho este libro.

mil otoños

Comienza una gran aventura. Lo primero, el dónde.

Deshima (o Dejima) es una isla artificial en la bahía de Nagasaki. Fue el único enclave extranjero en Japón durante siglos, donde los neerlandeses negociaban con los japoneses desde 1641 hasta 1853. Durante este período, los Países Bajos tenían el monopolio del comercio en Japón mediante la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, pero su personal no tenía derecho a salir de Deshima. Estaba totalmente prohibido pisar el suelo sagrado de Japón, realizar cualquier manifestación de la religión católica y dependían para todo de las autoridades japonesas. Y ya no hablemos de la situación de sus esclavos. Al otro lado del puente está la tierra nipona llena de amigos y enemigos, con el gobernador de Edo del que dependen, un montón de traductores, (o más bien conspiradores, ya sabemos que el que tiene la información tiene el poder), el shogun, samuráis, concubinas y secretos terroríficos como los que se encuentra en el monte Shiranui, que será el escenario principal de la segunda parte de la novela.

Deshima

En esta pequeña isla de 120 metros por 75 es donde empieza la aventura de Jacob De Zoet. El cuando es el comienzo del siglo XIX, mientras el país que ha dejado atrás se ve inmerso en las guerras napoleónicas y el dominio colonial a nivel mundial es ya de los ingleses. De hecho, Deshima fue durante cuatros años como el único lugar en el mundo donde la bandera neerlandesa aún estaba presente.

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