El libro de los americanos sin nombre

El libro de los americanos sin nombre (Cristina Henríquez, aquí publicada por Malpaso) es la historia de una serie de familias latinas inmigrantes en Estados Unidos, que como dice en el título, son desconocidas y relegadas a un segundo plano, si es que alguna vez tienen voz en algún sitio. Es un libro sencillo, algo sentimental y con una historia tal vez algo melodramática, al que aunque le vea sus fallos me tocó la fibra su lectura, y además, es que puedo entender la decisión de atacar directamente al corazón. Dicen que la ficción hace algo más que dar voz; una vez que has conectado emocionalmente con un solo personaje en una historia eres capaz de entender de una forma más humana y «real» las noticias que nos saturan con números terribles o realidades tan lejanas que nos parecen tan indignantes como inconcebibles. No sé cuál era la intención de la autora, supongo que querría hablar de una historia que ha vivido, pintar un fresco más diverso a la vez que personal de la comunidad latina, y creo que a pesar de las imperfecciones de la novela, si ese era el caso lo ha conseguido.

el libro de los americanos sin nombre

Aquí tenemos la historia de dos familiaslos Rivera, mexicanos que acaban de llegar buscando simplemente un colegio que se adecue a las necesidades de su hija, que se recupera de un accidente y la lesión cerebral que sufrió, y los Toro, panameños que llevan más de una década viviendo en el país, ya con la nacionalidad y unos hijos criados en Estados Unidos. Pero no solo conocemos sus historias, anhelos y motivaciones, sino la de todo un bloque de americanos sin nombres que viven en ese humilde edificio. Es un pequeño refugio, no por las oportunidades materiales y la prosperidad que finalmente han conseguido (básicamente, las condiciones de vida son peores que en sus lugares de origen, pero todos han tenido motivos de peso para escapar) sino por la comunidad que se ha creado.

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Middlemarch

«¿Existía alguna trama ingeniosa, alguna complicada línea de acción que pudiera detectarse con una cuidadosa observación telescópica?».

Todos sabéis a estas alturas que en el mes de febrero me propuse leer Middlemarch, en la excelente compañía de todos aquellos a los que os apeteciera. Para los que tan solo queréis saber que tal me ha ido, os doy la versión corta: me ha encantado. Ahora intentaré explicar porqué, pero de cualquier manera os animo a leer este novelón y comprobarlo por vosotros mismos.

middlemarch

Middlemarch es el ejemplo por excelencia de las grandes novelas victorianas multi-plot, y la mejor forma de describirla es como una minuciosa observación de la clase media rural inglesa de alrededor de 1830, un poco antes del reinado de Victoria (aunque fue publicada entre 1871 y 1872 en diversas entregas recogidas posteriormente en ocho volúmenes, no los típicos tres, la acción transcurre antes de la época victoriana). Y es que una de las cosas que más me llamó la atención de su lectura durante las primeras cien páginas fue la presencia aquí y allá del microscopio como símbolo. Ciencia, observación y pequeños microcosmos formados por las relaciones de elementos aún más pequeños son algunos de los hilos principales que conforman la red desarrollada en sus casi novecientas páginas. No por nada el subtítulo de la obra es «un estudio de la vida en provincias».

«Se daba por sentado que el parecer de las mujeres tenía muy poco peso, pero la gran salvaguarda de la sociedad y de la vida doméstica consistía en que las ideas no determinaban la conducta. Las personas en sus cabales se comportaban igual que sus vecinos, y así, si había algún loco suelto por la zona, siempre era posible enterarse y evitarlo».

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Qué verde era mi valle

«Cúan verde, verde y brillante al sol, era mi Valle aquel día».

Había leído en varias ocasiones que Qué verde era mi valle (Richard Llewellyn, 1939) era el Mujercitas para chicos (vayan ustedes a saber qué significa eso). No estoy muy convencida de esa etiqueta. Lo que yo os diría es que es una nostálgica carta de amor a la memoria de una vieja Gales minera, verde en la superficie pero negra y destrozada por dentro, y a sus humildes habitantes, familias capaces de sobrevivir a cualquier cosa pero condenadas a desentenderse en tiempos de miseria y cambio. Familia solo hay una, y como los Morgan, pocas.

que verde era mi valle

Creo que debéis saber de entrada que le he encontrado algún pero al libro, en momentos me pareció que se había quedado algo anticuado, es un pelín moralista y habría preferido un narrador que ofreciera algo más de claridad de ideas, ya que ciertas reflexiones se me quedan perdidas entre sus emociones. Aunque, en ese caso, tendríamos otro libro. Así que con lo negativo ya sobre la mesa, confieso lo mucho que disfruto de este tipo de historias, aquí con 665 páginas en las que vivo con la familia Morgan: como con ellos, canto y asisto a la capilla, sufro con los golpes que se llevan y los errores que comenten, me emociono con su valor (con esto mucho, hay un incidente en el primer tercio del libro que me tuvo literalmente pegada a sus páginas, creo que ni respiré). Maldigo el tiempo que obliga a su narrador, Huw, a crecer y no poder disfrutar de ese verde valle para siempre. Huw es un pequeño héroe de lo cotidiano que respeta el silencio en las comidas porque la cocina de su madre es sagrada, se enfurece ante aquellos que no lo quieren sacar de su ignorancia con unas pocas palabras, o con los que son los encargados de enseñarle pero vuelcan toda la crueldad del mundo en los más débiles, comprende que los besos son extraños porque mezclan tontería y tragedia, y deja que se le enfríe todos los días el té para salir a saludar a su hermanita que tira camino arriba por el valle.

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Colegiala

Colegiala, de Osamu Dazai, es una colección de catorce relatos, publicados en las décadas de los 30 y los 40, aquí recopilados por Impedimenta. Dazai nos ofrece unos pequeños retazos cotidianos de la vida de las mujeres en esta época, narrados con gran naturalismo y de forma sencilla e íntima. Esta lectura corresponde con la  de este mes de septiembre; un pequeño club que la mayoría de habituales ya conocéis, y si no, aquí os remito.

colegiala osamu dazai

Unos de los relatos comienza con un sencillo “al igual que una persona cuya alma ha huido de su cuerpo, mi marido salió por la puerta de casa sin hacer ningún ruido”. De forma parecida funcionan estos relatos, que calan sin estridencias. Todos están protagonizados por mujeres, y en la contraportada los editores nos presentan un libro sobre el universo femenino y sus contradicciones. Lo primero que a mí me llamó la atención tras leer un par de relatos no son tanto dichas contradicciones, si no la implacable presencia de una misoginia interiorizada. De hecho, me costaba mucho superar frases tan manidas y aún tan presentes como “las mujeres son malas”, “las mujeres son vanidosas” o “las mujeres son mentirosas”. Por supuesto, todos conocemos las características de la sociedad nipona y más aún en la época donde transcurren las historias, pero yo personalmente catalogaría estas viñetas como historias de odio a la feminidad exigida, y de fractura más que de contradicción.

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