En casa y Lila (trilogía de Gilead, 2 y 3)

«La existencia es algo extraordinario, como poco.

Hace tiempo, disfruté enormemente hablándoos de Gilead, una pequeña historia doméstica escrita por la grandísima Marilynne Robinson, en la que un viejo reverendo trabaja en unas cartas que incluyen todo aquello que cree que debe pasar a su hijo, al que seguramente no verá crecer. Es un libro de gran belleza y emoción, en el que al menos esta lectora estaba tan implicada que ni se planteaba que es un relato parcial, una pequeña parte vista a través de los ojos de un protagonista tan lleno de prejuicios y viejas lealtades como cualquier otra persona. Pero, ¿qué pasaba en la casa de al lado? ¿Hacia dónde escapaba la mente de su mujer en esos momentos? A veces, estamos tan absortos en nosotros mismos que nos perdemos las luchas y sacrificios de los demás.

The Birthplace of Herbert Hoover

La decisión de contar una historia tan aparentemente pequeña y poco extraordinaria en un trilogía parece una idea algo desproporcionada. No son más que unos días y unos recuerdos de unos personajes de lo más común. Pero es una historia épica, del mismo modo que os hablaba de la épica del universo de Al este del Edén. Conocer aunque solo sean detalles de una vida es algo extraordinario, como la misma posibilidad de la existencia. Eso podemos decir de unos libros que desde lo ordinario te hace cambiar tu forma de ver el mundo, el saber que nunca conoces lo que hay realmente detrás de cada persona, y leer de una forma tan íntima y emotiva sobre la soledad, el amor, despecho, incomunicación, el miedo a desilusionar y ser desilusionado, tener y perder para volver a encontrar, es algo más que pasar páginas.

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Gilead

Para los propósitos humanos existe un sentido muy real en el que las personas están justa y apropiadamente asociadas a sus historias.

gilead

 

Gilead, de Marilynne Robinson, es la primera parte de una trilogía sucedida por En casa y Lila, y además la novela ganadora del Pulitzer de 2006 y unos cuantos premios más. Creo que las siguientes citas os pueden dar una idea del porqué:

Me asombró el efecto que producía la luz aquella tarde. He prestado mucha atención a la luz, pero nadie podría hacerle justicia, ni remotamente. Era la sensación de que aquella luz pesaba, que lo aplastaba todo hasta exprimir la humedad de la hierba y eliminar el olor a savia rancia y agria de los tablones del piso del porche e incluso cargaba un poco los árboles, como haría una nevada tardía. Era la clase de luz que se posa en tus hombros como un gato lo hace en tu regazo.

Me gustaría poder dejarte ciertas imágenes que tengo en la cabeza, porque son tan hermosas que detesto pensar que se extinguirán conmigo. Pero esta vida mortal tiene, de nuevo, su encanto. Y el recuerdo tampoco es estrictamente mortal en su naturaleza. Al fin y al cabo, resulta extraña esta capacidad de volver a un momento del pasado, aunque difícilmente puede decirse que este tenga realidad alguna, ni siquiera en su transcurso. Me refiero a que un momento es algo tan sutil, tan breve, que su duración no es sino un misericordioso aplazamiento de la ejecución del condenado.

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