Al este del Edén

Nació en un arrebato y vivió en un torbellino.

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Steinbeck juega durante toda la novela con el paralelismo entre vida e historia, siendo las dos la misma cosa, con todo lo que ello implica: ¿qué clase de personaje somos, de los buenos o malos? ¿Se puede cambiar o somos irremediablemente un arquetipo dibujado por un autor, unos padres, una sociedad? ¿Existe la redención para alguien que es malvado por naturaleza? ¿Qué es la libertad y quién es libre? Y cuando la historia acaba, ¿cómo se nos recuerda? ¿Somos “momentos de gloria”, o tenemos tan solo el consuelo de haber hecho el menor daño posible?

Si considera la vida como una historia, el autor no podía hacer menos que transmitir ese mismo tipo de fuerza en su gran obra.

Si lees Al este del Edén, no tendrás la sensación de leer una novela, sino de conocer a dos familias reales, los Trask y los Hamilton, desde la Guerra de Secesión, pasando por las siguientes olas de inmigración y los asentamientos en California hasta la participación americana en la Primera Guerra Mundial. Puede que reconozcas a tu propia familia en alguno de sus componentes, aunque haya pasado más de un siglo entre su historia, en la que se diluye la frontera entre lo ficticio y la memoria de la familia materna del autor, y tu historia real. Seguro que sientes que has vivido en el valle de Salinas, escenario de la niñez de Steinbeck, que seguramente no tenga nada de especial, pero aquí tiene la misma personalidad que un paraje mítico, más allá del Edén.

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La épica debe  ser algo así; generaciones de padres e hijos que luchan por sí mismos y por los suyos, pero también en su contra. Para que os hagáis una idea de la magnitud de la trama, la película basada en el libro tan solo se centra el tercer acto, la última generación. Los personajes no es que estén bien definidos, es que son reales, todos se desarrollan a lo largo de las páginas con igual complejidad, secundarios o no. El estilo y la prosa de Steinbeck (de la que podéis tener una muestra en De ratones y hombres), es natural y realista, pero de gran belleza en su sencillez y tremendamente clara a la hora de expresar los ideales del autor, que siempre está presente como uno más aunque no tenga trama y solo sea un narrador. A pesar de la profundidad y la ambición del libro, es muy accesible y encima engancha desde el principio, sobre todo si como yo lo que más disfrutáis en una novela es que los personajes sean lo más importante, junto a que haya un algo más, un concepto o idea, que se forme y trabaje a través de ellos y sus experiencias de forma orgánica, siendo todo un conjunto que va en una misma dirección y haga que el lector se suba al viaje sin querer, cosa que aquí ocurre con maestría.

Cinco estrellas.