Resumen #LeoAutorasOct

En este pequeño resumen, quiero hablaros brevemente de estos dos libros:

la guerra no tiene rostro de mujer

La guerra no tiene rostro de mujer – Svetlana Alexiévich

En este libro, la ganadora del premio Nobel de Literatura del 2015 recoge el testimonio de muchas de las mujeres que combatieron en la Segunda Guerra Mundial en el Ejército Rojo, rostros olvidados y desconocidos. En el comienzo del libro, Alexiévich reflexiona acerca del hecho de que la guerra tiene una voz masculina. Lo femenino queda en silencio o se ajusta a un canon que excluye otras experiencias que no parecen tan heroicas, o incluso secundarias, dentro de un brutal contexto bélico. Esto se refleja en los relatos de las protagonistas. Es tan interesante lo que cuentan como lo que alteran o intentan esconder avergonzadas (hechos que no son los más horribles, ni los más sonrojantes). Eran niñas criadas para cumplir roles tradicionales, por supuesto que odiaban que les cortaran la trenza; temían más una amputación que la muerte, ya que tener unas piernas bonitas aumentaba sus posibilidades de casarse; o se iban al frente con una maleta llena de bombones, porque total, allí no iban a tener nada propio. La autora dice que no quiere limitarse a la guerra, que quiere explorar la vida y la muerte, algo registrado en «el saber del espíritu» o el alma. Acercarse a una historiografía de los sentimientos. Y creo que lo consigue, gracias tanto a la forma como el fondo de este libro.

Es una obra que os animo sin duda a leer, ya que seguro que cada lector no solo conocerá y aprenderá sobre hechos que necesitamos conocer como guardianes de la historia, y nos hará ir más allá de la abstracción de algo que parece que nos queda lejos y encima es un horror incomprensible. Además, a mí me hizo pensar sobre si la ficción ha casi mitificado la Segunda Guerra Mundial en un relato estándar más o menos digerible y seguro (pienso sobre todo en cine, pero también literatura) y la cantidad de relatos desconocidos parecidos que aún tenemos en nuestro país, sin rostro ni voz.


solterona

Solterona – Kate Bolick

Uno de mis libros favoritos del año. Y seguramente, uno de los que más lejos se queda de la perfección. Para empezar, supongo que habrá quien no pueda salir de su título, no es un libro sobre solteronas. Kate Bolick no se ajusta al estereotipo de solterona (si es que se ajusta alguien). Sus heroínas literarias tampoco lo son. Este libro trata sobre la construcción de su vida, un proceso de crecimiento algo caótico y tremendamente individual. Sí, la estructura es un poco fallida, ciertas comparaciones y paralelismos están cogidos con pinzas, salta de un tema a otro porque le da la gana, aunque intenta proporcionar una excusa de hilo conductor para luego irse por las ramas a la mínima. Por todo esto me encanta. Kate y yo hemos enganchado no tanto por experiencias, aunque de vivencias muy distintas hemos acabamos llegando a conclusiones similares, sino por algo que debe ser parecido al funcionamiento nuestros procesos mentales, o más bien, enredos mentales. Me he divertido muchísimo, me he sentido involucrada en todos sus líos (incluso la he contestado en voz alta en algún momento, he de confesar), me han parecido muy interesantes reflexiones (dispares, parciales e inconclusas, pero muy interesantes) sobre soltería y capitalismo, el gueto rosa, interiorismo, como nos autoboicoteamos, o juzgamos y somos juzgados por unas estructuras de poder tan antinaturales como aceptadas con toda la naturalidad del mundo, y sobre todo, como vivimos en nuestras cabezas, con la asistencia de lo que leemos. He visto bastantes reseñas negativas sobre este libro y las entiendo (aunque me temo que son una mezcla de proyección de experiencias y expectativas no cumplidas. Además, si es un libro sobre su propia vida, pues es un pelín narcisista desde su concepción, ¿no?). Leedlo y juzgar por vosotros mismos, porque sé que habrá disparidad de opiniones.

El asesino ciego

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«I’m heartless, I thought. Therefore I’m homeless.»

El asesino ciego nos cuenta la vida de dos hermanas, Iris y Laura, hijas del dueño de unas fábricas de botones que volvió de la Primera Guerra Mundial con un equipaje que le incapacitaba para criar a las niñas. Tampoco es que de entrada pareciera saber qué hacer con ellas. Así que ellas tuvieron que aprender a cuidarse solas. Crecen inseparables, de forma que la existencia de una y otra casi se confunde. O eso le acaba por ocurrir al lector. Pero cuántas otras historias se esconden en El asesino ciego. Diría que el tema principal que aquí explora Atwood es la memoria y su relación tanto con realidad como con la ficción. Tenemos una historia familiar, pública en la medida de la celebridad de algunos de sus miembros, pero no es la realidad, tal vez escondida en el relato que construimos para entender o para sobrevivir, o sobre todo, en la historia de los secretos que nos rodean. ¿Por qué decidimos hablar, guardar algunas cosas y mentir en otras? En el centro de esta cuestión está su fascinante narradora, Iris, cuyas memorias se mezclan con recortes de prensa sobre su familia y un libro también llamado El asesino ciego, la obra maestra por la que Laura es recordada. Las hermanas Chase no están solas. Este es a su vez un recorrido panorámico sobre las clases altas en el periodo de entreguerras, aquellos cuya historia ha pasado a la posteridad en letras doradas, pero tal vez solo son unos buitres repugnantes que hacen de la guerra su negocio, la mentira su vida y el abuso de los más débiles, su único placer.

Creo que es una lectura fascinante, de las que cuanto más avanzas más posibilidades descubres, hasta a un final a la altura de la propuesta. Atwood es una excelente narradora, pasar con ella más de seiscientas páginas de ritmo lento e intenciones escondidas es un placer. Seguro que no es la última vez que me atrapa en sus redes.

Mujeres excelentes

Mildred es una mujer excelente: una solterona (de treinta y pocos) de la que todo el mundo espera que haga frente a las crisis de los demás con una tetera recién preparada. Total, qué otras cosas tendría ella que hacer. Cualquiera opina sobre su vida, sabe lo que es adecuado, a lo que aspira, desea o siente. Mildred es imprescindible, ya sea para los asuntos prácticos del día a día de su comunidad como para resolver la vida sentimental de sus vecinos. Pero nadie tiene en cuenta lo que para ella significa implicarse emocionalmente en estas situaciones. Solo nosotros, los lectores.

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Hurra

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Unas pocas palabras sobre Hurra, de Ben Brooks. Leí Lolito cuando se publicó y ya me sorprendió bastante, me pareció un libro inteligente y muy bien llevado. Hurra es la huida a ninguna parte de dos hermanos que de entrada están bastante rotos, y ahora destrozados por el suicidio de su hermana. La he disfrutado, aunque tal vez no sea la palabra adecuada, me ha sumergido en un humor bastante negro mientras la leía, un mal cuerpo serio. Supongo que algo ha conseguido. Y me sorprende, porque no es el tipo de lectura sobre la que suelo girar, es más, estas historias entre nihilistas y asquerosas me suelen resbalar bastante. Lo escatológico ni me impresiona ni me divierte especialmente, y aquí es lo más cercano a la expresión real de los sentimientos de los personajes. Así que me preocupa un poquito como me afecta la historia. Supongo que realmente es un autor que capta la voz de una generación (es cuatro años más joven que yo). Es la impotencia, la desilusión, es el que aunque has hecho todo bien, estás en un lugar parecido a estos protagonistas supuestamente tan en el extremo. También me han gustado mucho los personajes femeninos, realmente me importaban Ellen y Saskia («has probado meditar» me temo que es un consejo que he dado mucho). Así que hurra por una buena historia.

Me encantan este tipo de libros. Si queréis más sugerencias, aquí tenéis una lista colaborativa para seguir en caída libre y sin frenos.