Tea Rooms

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Tea Rooms, de Luisa Carnés, es mi lectura favorita de lo que llevamos de año. Mas allá de la necesidad de recuperar voces de autoras olvidadas porque sea algo de justicia (ya sea porque han sido silenciadas o censuradas por cuestiones políticas), aquí de lo que creo que se trata es de disfrutar de un libro excelente. Pocas veces he encontrado una novela en la que su fondo, con su evidente y decidida vocación transformadora y agenda política, se entremezclara tan bien con la innovación formal, que no sacrifica en ningún momento. Saltamos de escenas realistas a epifanías en bancos de un parque que me han recordado a La señora Dalloway, tal vez porque la tengo muy reciente. Se respira tanto la realidad de la época para las mujeres obreras madrileñas como el contacto con las vanguardias modernistas literarias. Las dos cosas están en el pequeño mundo introspectivo de su protagonista, Matilde, una mujer que se hace a sí misma en silencio, observando y escuchando. También está en la polifonía de personajes que dan forma a una realidad que tiene muchas aristas. No sé muy bien cómo Carnés lo hizo. Sospecho que la profundidad de sus convicciones y las dificultades que se encontrara en su vida le harían ganar claridad y la fuerza tanto para expresar sus ideas como demostrar su talento, pero es solo una sospecha. Consigue hilar páginas enteras que te sumergen en la corriente de los pensamientos de Matilde de forma deslumbrante con el día a día de ese salón, un lugar y una realidad laboral que nos resulta muy familiar a una generación que hoy en día nos vemos atrapados en esos trabajos. Tea Rooms no esconde ni su ideología ni sus opiniones, y es lúcida y relevante tanto en su análisis de cuestiones de clase como de derechos de las mujeres. La única pena es leer su optimismo ante el futuro sabiendo ahora lo que estaba a la vuelta de la esquina.

Podéis leer más sobre Carnés y la sinopsis de la novela en la web de Hoja de Lata y una estupenda entrada (como siempre) en The Written Girl. ¿Matilde cuenta para el #RetoSolterona, verdad? Si alguien me quiere recomendar autoras o libros similares, soy toda oídos en los comentarios.

El unicornio

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«Marian había leído sobre los grandes acantilados de arenisca negra. Bajo la luz brumosa parecían más bien marrones, y la serie de inmensos contrafuertes se prolongaba hasta donde alcanzaba la vista, estriados, perpendiculares al mar, inmensamente elevados, descendiendo en picado hasta sumergirse en el agua hirviente y blanca. Era el mar lo que parecía negro, entremezclado con la espuma como tinta con nata.»

El unicornio, de Iris Murdoch, es un libro escurridizo. La historia es engañosa, los personajes no son lo que parecen, la intención del libro y sus temas principales no se muestran de forma abierta al lector. Se pude leer como una novela gótica, una historia que se aprovecha de las convenciones del género o hasta como una parodia. Lo que es seguro es que se trata de una de esas novelas que me hacen plantearme cómo leo yo, en vez de pensar sobre lo que tengo entre manos a través de sus páginas. Los lectores somos siempre una parte activa del proceso, asignamos roles dentro de la historia que en ocasiones encajan con lo que nos encontramos. Pero en otras, la autora va muy por delante, anticipando qué estamos pensando y cómo nos ha conducido hasta allí, para finalmente mostrarnos nuestros erróneas presunciones y, lo más divertido, hacernos reflexionar sobre por qué hemos caído.

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Mujercitas

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¿Quién no conoce Mujercitas? La mayoría de nosotros pensamos que hay poco que nos pueda sorprender en este clásico de la literatura juvenil. Las hermanas March han sido llevadas a la gran pantalla en multitud de ocasiones, y son una presencia habitual de esas colecciones de clásicos adaptados infantiles (como el que os pongo más abajo, la colección que yo leía de peque). Su historia forma parte de la cultura popular. Y, sin embargo, yo desconocía que hasta la traducción de Gloria Méndez del año 2004, en España habíamos leído una versión mutilada, una que acababa con los matices que la hacen merecedora de su fama y longevidad, y la convertía en una novela sentimental sobre amoríos y demás cuentos ligeros para jovencitas «respetables». Justo lo contrario a lo que es (no voy a entrar ni a comentar la ocurrencia de que es un libro solo para chicas). Tras la muerte de su autora, Louisa May Alcott, en 1880, sus editores decidieron eliminar capítulos enteros o quitar las expresiones en las que Jo se proclamaba orgullosa de su independencia y fuerte personalidad. Esa edición censurada es la que se ha usado tradicionalmente como base para las distintas adaptaciones por las que muchos creemos conocer esta historia. Mujercitas no es que esté dentro del «gueto rosa» por ser una historia de mujeres sobre mujeres, sino que ha sido reescrita durante décadas para adecuarse y alimentar los estereotipos de género que, en su esencia, desmonta.

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El asesino ciego

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«I’m heartless, I thought. Therefore I’m homeless.»

El asesino ciego nos cuenta la vida de dos hermanas, Iris y Laura, hijas del dueño de unas fábricas de botones que volvió de la Primera Guerra Mundial con un equipaje que le incapacitaba para criar a las niñas. Tampoco es que de entrada pareciera saber qué hacer con ellas. Así que ellas tuvieron que aprender a cuidarse solas. Crecen inseparables, de forma que la existencia de una y otra casi se confunde. O eso le acaba por ocurrir al lector. Pero cuántas otras historias se esconden en El asesino ciego. Diría que el tema principal que aquí explora Atwood es la memoria y su relación tanto con realidad como con la ficción. Tenemos una historia familiar, pública en la medida de la celebridad de algunos de sus miembros, pero no es la realidad, tal vez escondida en el relato que construimos para entender o para sobrevivir, o sobre todo, en la historia de los secretos que nos rodean. ¿Por qué decidimos hablar, guardar algunas cosas y mentir en otras? En el centro de esta cuestión está su fascinante narradora, Iris, cuyas memorias se mezclan con recortes de prensa sobre su familia y un libro también llamado El asesino ciego, la obra maestra por la que Laura es recordada. Las hermanas Chase no están solas. Este es a su vez un recorrido panorámico sobre las clases altas en el periodo de entreguerras, aquellos cuya historia ha pasado a la posteridad en letras doradas, pero tal vez solo son unos buitres repugnantes que hacen de la guerra su negocio, la mentira su vida y el abuso de los más débiles, su único placer.

Creo que es una lectura fascinante, de las que cuanto más avanzas más posibilidades descubres, hasta a un final a la altura de la propuesta. Atwood es una excelente narradora, pasar con ella más de seiscientas páginas de ritmo lento e intenciones escondidas es un placer. Seguro que no es la última vez que me atrapa en sus redes.