El unicornio

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«Marian había leído sobre los grandes acantilados de arenisca negra. Bajo la luz brumosa parecían más bien marrones, y la serie de inmensos contrafuertes se prolongaba hasta donde alcanzaba la vista, estriados, perpendiculares al mar, inmensamente elevados, descendiendo en picado hasta sumergirse en el agua hirviente y blanca. Era el mar lo que parecía negro, entremezclado con la espuma como tinta con nata.»

El unicornio, de Iris Murdoch, es un libro escurridizo. La historia es engañosa, los personajes no son lo que parecen, la intención del libro y sus temas principales no se muestran de forma abierta al lector. Se pude leer como una novela gótica, una historia que se aprovecha de las convenciones del género o hasta como una parodia. Lo que es seguro es que se trata de una de esas novelas que me hacen plantearme cómo leo yo, en vez de pensar sobre lo que tengo entre manos a través de sus páginas. Los lectores somos siempre una parte activa del proceso, asignamos roles dentro de la historia que en ocasiones encajan con lo que nos encontramos. Pero en otras, la autora va muy por delante, anticipando qué estamos pensando y cómo nos ha conducido hasta allí, para finalmente mostrarnos nuestros erróneas presunciones y, lo más divertido, hacernos reflexionar sobre por qué hemos caído.

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Mujercitas

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¿Quién no conoce Mujercitas? La mayoría de nosotros pensamos que hay poco que nos pueda sorprender en este clásico de la literatura juvenil. Las hermanas March han sido llevadas a la gran pantalla en multitud de ocasiones, y son una presencia habitual de esas colecciones de clásicos adaptados infantiles (como el que os pongo más abajo, la colección que yo leía de peque). Su historia forma parte de la cultura popular. Y, sin embargo, yo desconocía que hasta la traducción de Gloria Méndez del año 2004, en España habíamos leído una versión mutilada, una que acababa con los matices que la hacen merecedora de su fama y longevidad, y la convertía en una novela sentimental sobre amoríos y demás cuentos ligeros para jovencitas «respetables». Justo lo contrario a lo que es (no voy a entrar ni a comentar la ocurrencia de que es un libro solo para chicas). Tras la muerte de su autora, Louisa May Alcott, en 1880, sus editores decidieron eliminar capítulos enteros o quitar las expresiones en las que Jo se proclamaba orgullosa de su independencia y fuerte personalidad. Esa edición censurada es la que se ha usado tradicionalmente como base para las distintas adaptaciones por las que muchos creemos conocer esta historia. Mujercitas no es que esté dentro del «gueto rosa» por ser una historia de mujeres sobre mujeres, sino que ha sido reescrita durante décadas para adecuarse y alimentar los estereotipos de género que, en su esencia, desmonta.

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El asesino ciego

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«I’m heartless, I thought. Therefore I’m homeless.»

El asesino ciego nos cuenta la vida de dos hermanas, Iris y Laura, hijas del dueño de unas fábricas de botones que volvió de la Primera Guerra Mundial con un equipaje que le incapacitaba para criar a las niñas. Tampoco es que de entrada pareciera saber qué hacer con ellas. Así que ellas tuvieron que aprender a cuidarse solas. Crecen inseparables, de forma que la existencia de una y otra casi se confunde. O eso le acaba por ocurrir al lector. Pero cuántas otras historias se esconden en El asesino ciego. Diría que el tema principal que aquí explora Atwood es la memoria y su relación tanto con realidad como con la ficción. Tenemos una historia familiar, pública en la medida de la celebridad de algunos de sus miembros, pero no es la realidad, tal vez escondida en el relato que construimos para entender o para sobrevivir, o sobre todo, en la historia de los secretos que nos rodean. ¿Por qué decidimos hablar, guardar algunas cosas y mentir en otras? En el centro de esta cuestión está su fascinante narradora, Iris, cuyas memorias se mezclan con recortes de prensa sobre su familia y un libro también llamado El asesino ciego, la obra maestra por la que Laura es recordada. Las hermanas Chase no están solas. Este es a su vez un recorrido panorámico sobre las clases altas en el periodo de entreguerras, aquellos cuya historia ha pasado a la posteridad en letras doradas, pero tal vez solo son unos buitres repugnantes que hacen de la guerra su negocio, la mentira su vida y el abuso de los más débiles, su único placer.

Creo que es una lectura fascinante, de las que cuanto más avanzas más posibilidades descubres, hasta a un final a la altura de la propuesta. Atwood es una excelente narradora, pasar con ella más de seiscientas páginas de ritmo lento e intenciones escondidas es un placer. Seguro que no es la última vez que me atrapa en sus redes.

Mujeres excelentes

Mildred es una mujer excelente: una solterona (de treinta y pocos) de la que todo el mundo espera que haga frente a las crisis de los demás con una tetera recién preparada. Total, qué otras cosas tendría ella que hacer. Cualquiera opina sobre su vida, sabe lo que es adecuado, a lo que aspira, desea o siente. Mildred es imprescindible, ya sea para los asuntos prácticos del día a día de su comunidad como para resolver la vida sentimental de sus vecinos. Pero nadie tiene en cuenta lo que para ella significa implicarse emocionalmente en estas situaciones. Solo nosotros, los lectores.

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