Pequeña guía de cine clásico (V): El beso mortal

En esta entrega de La pequeña guía de cine clásico vamos a dedicar unas palabras a un género en el que hasta ahora no habíamos profundizado mucho, aunque sin duda nos ha dado algunos de los momentos más icónicos de la era clásica. Por supuesto que me refiero al cine negro. Sin embargo, me he decido a hablaros sobre una película que tal vez no sea tan conocida o canónica: El beso mortal (1955), dirigida por Robert Aldrich.

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el beso mortal

Antes de adentrarnos en la película y como es habitual en esta sección, hagamos un breve repaso al género y las circunstancias que rodearían a una producción de su tipo en ese momento de la historia de Hollywood. Lo primero sería definir qué es el noir, algo más complicado de lo que podría parecer. Estoy segura de que todos tenéis una imagen mental muy definida sobre de que tipo de películas hablamos. Pero por muy presente que su huella esté en el imaginario popular, durante años ha existido a nivel más crítico y académico un debate sobre su naturaleza. ¿Estamos hablando de un género? ¿O es un movimiento más estilístico, entendiendo lo noir como adjetivo que describe lo gris y pesimista de muchas de las historias de los 40, coincidiendo con los años de la Segunda Guerra Mundial y el shock de la vuelta a la «normalidad» tras su fin? Tal vez sean las dos caras de una misma moneda, donde una categoría de historia con características más o menos reconocibles toma una forma determinada, un lenguaje cinematográfico que la impregna de un estilo a su medida. Historias urbanas y nocturnas, con una visión pesimista de la naturaleza humana, que se construyen con tramas que se ofrecen al espectador de forma fragmentada. También podemos destacar el conductismo de la narración, muchas veces a través de la voz en off de un personaje que nos guía por esos mundos sórdidos, llenos de grises. Y es que prima el análisis psicológico de los personajes sobre la acción, aunque esta profundidad convive con modelos estereotipados como el detective perdedor que está de vuelta de todo (aquí nuestro Mike Hammer) o la femme fatale. No olvidemos que la repetición en serie es una de las señas de identidad del Hollywood clásico a cualquier nivel de producción, aunque este sea un género con unas fronteras más flexibles, como seguiremos viendo. Por supuesto, estas tramas suelen girar en torno a lo criminal. Una de sus raíces es el cine de gánsteres de los 30. Su nombre francés viene de las novelas de detectives o las roman policier que publicaba Gallimard en la série noire. Aquí puede haber otra pista que nos indique algo de su estrecha relación con la literatura y que, además, no es un género tan esencialmente americano, sino que una vez más, viene de Europa.

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Tea Rooms

tea rooms

Tea Rooms, de Luisa Carnés, es mi lectura favorita de lo que llevamos de año. Mas allá de la necesidad de recuperar voces de autoras olvidadas porque sea algo de justicia (ya sea porque han sido silenciadas o censuradas por cuestiones políticas), aquí de lo que creo que se trata es de disfrutar de un libro excelente. Pocas veces he encontrado una novela en la que su fondo, con su evidente y decidida vocación transformadora y agenda política, se entremezclara tan bien con la innovación formal, que no sacrifica en ningún momento. Saltamos de escenas realistas a epifanías en bancos de un parque que me han recordado a La señora Dalloway, tal vez porque la tengo muy reciente. Se respira tanto la realidad de la época para las mujeres obreras madrileñas como el contacto con las vanguardias modernistas literarias. Las dos cosas están en el pequeño mundo introspectivo de su protagonista, Matilde, una mujer que se hace a sí misma en silencio, observando y escuchando. También está en la polifonía de personajes que dan forma a una realidad que tiene muchas aristas. No sé muy bien cómo Carnés lo hizo. Sospecho que la profundidad de sus convicciones y las dificultades que se encontrara en su vida le harían ganar claridad y la fuerza tanto para expresar sus ideas como demostrar su talento, pero es solo una sospecha. Consigue hilar páginas enteras que te sumergen en la corriente de los pensamientos de Matilde de forma deslumbrante con el día a día de ese salón, un lugar y una realidad laboral que nos resulta muy familiar a una generación que hoy en día nos vemos atrapados en esos trabajos. Tea Rooms no esconde ni su ideología ni sus opiniones, y es lúcida y relevante tanto en su análisis de cuestiones de clase como de derechos de las mujeres. La única pena es leer su optimismo ante el futuro sabiendo ahora lo que estaba a la vuelta de la esquina.

Podéis leer más sobre Carnés y la sinopsis de la novela en la web de Hoja de Lata y una estupenda entrada (como siempre) en The Written Girl. ¿Matilde cuenta para el #RetoSolterona, verdad? Si alguien me quiere recomendar autoras o libros similares, soy toda oídos en los comentarios.

Mariana (Adopta una autora: Monica Dickens)

En la segunda entrega del proyecto Adopta una autora os hablo de la novela que me hizo elegir a Monica Dickens como mi adoptada. He leído muchas novelas de iniciación y en un gran porcentaje historias de época escritas por mujeres sobre mujeres (estoy pensando en obras como El castillo soñado, Un árbol crece en Brooklyn o Invitación al baile). Mariana estaría sin duda entre mis favoritas. Creo que son varias las razones: sus personajes, su sentido del humor, la nostalgia que desprenden sus páginas, el estilo de una autora que cada vez me recuerda más a Daphne du Maurier, más uno de los romances más bonitos que he leído (y eso que no soy para nada una lectora de romántica) y la forma en la que captura unos instantes muy concretos, esos pequeños momentos en los que uno crece sin darse cuenta. En la página web de Persephone, la editorial que rescató este libro, la describen como «a “hot-water bottle” novel». Quién no necesita una lectura así en estos días. Tras esta breve introducción, veamos en más profundidad qué podemos encontrar en Mariana.

mariana monica dickens

En la entrada anterior habíamos empezado a conocer a Monica Dickens, y os recomiendo que leáis primero ese post si no lo hicisteis en su momento y luego volváis aquí, porque Monica y Mary, nuestra protagonista de hoy, van de la mano. Este libro, la primera novela de Dickens, tiene un importante componente autobiográfico. Monica la escribió tras el éxito de su primera obra publicada, One Pair of Hands, que la convirtió en un fenómeno de ventas con 24 años. Tras esta inesperada celebridad alquiló un piso en Mayfair, y con una máquina de escribir de segunda mano y ese inquieto espíritu independiente que ya había demostrado, decidió ponerse manos a la obra y trabajarse un nuevo oficio en las letras, volcándose en una historia basada en su propia infancia y adolescencia. Pero no olvidemos la fecha. Estamos en el año 1940 y Gran Bretaña empieza a sentir en su capital la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo a partir de septiembre con el bombardeo constante que fue el Blitz sobre Londres (sobre esos días, si me permitís un inciso, os recomiendo Una y otra vez de Kate Atkinson).

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Una conversación con Margaret Atwood

La pasada semana, Margaret Atwood visitó brevemente Madrid por motivo de su nombramiento como Doctora Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid. La tarde anterior a la ceremonia se organizó una pequeña charla con la autora canadiense en el Círculo de Bellas Artes, a la que tuve la suerte de poder asistir. Se trató de una conversación de hora y media con Fernando Galván, rector de la Universidad de Alcalá, moderada por Pilar Somacarrena, profesora de Filología Inglesa de la Universidad Autónoma y además, traductora de la poesía de Atwood.

No me voy a detenerme en más detalles sobre la autora, ni su extensa obra o su biografía. Sé que los habituales del blog la queréis tanto como yo, pero si aún no estáis familiarizados con ella, os ruego que corráis a vuestra biblioteca más cercana (seguramente tengáis allí más suerte que en una librería, ya que muchos de sus libros están tristemente descatalogados) y le pongáis solución.

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La charla comenzó con una pregunta sobre el peso de la naturaleza y la ecología en la obra de la autora, y en concreto, en libros como la novela Resurgir o la colección de relatos Wilderness Tips, que exploran el deterioro del Canadá más pastoral en grandes núcleos urbanos colapsados. Atwood opina que ella puede contribuir a esta agenda ecológica con una doble visión: la de una escritora y la de una científica, ya que pudo haber sido bióloga si hubiera continuado con la senda familiar. Este doble acercamiento es lo que cree que ha hecho posible que obras como El cuento de la criada o la trilogía MaddAddam hayan predicho problemas del futuro. Recalcó que vivimos un momento en el cual todos esos vaticinios son ya una realidad. Por otra parte, aseguró que todo lo que tiene vida está ligado a de una forma u otra a la naturaleza, y que esta influye necesariamente en nuestra existencia, lo sepamos o no.

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