Escritoras y seudónimos masculinos

Hace ya unos meses, una amiga de esta bitácora se animaba con una petición espontánea, que qué me parecía hacer una entrada sobre algunas mujeres que escribían bajo seudónimo masculino. A mí me parecía una idea estupenda, y con un poco de discreta ayuda empecé a pensar cómo abordar este post. Me di cuenta que aunque conocía bastantes casos, me tocaba investigar un poco, y como ya os imagináis, mis pesquisas han estado centradas un poco en la literatura inglesa del s. XIX y clásicos modernos, que es lo que me va. Sin embargo, este es un fenómeno que nos acompaña hasta nuestros días. Habrá distintas circunstancias y motivos detrás de cada caso, pero aún nos encontramos autoras que usan unas iniciales ambiguas  o directamente utilizan un seudónimo masculino, como Robert Galbraith. Incluso puede que suceda lo contrario, y tal vez algún día nos llevemos la muy improbable sorpresa de que detrás de Elena Ferrante esté un hombre.

Empecemos con un breve repaso a algunas de las escritoras más notables.

Currer, Ellis y Acton Bell: Charlotte, Emily y Anne Brontë. Seguro que las conocéis.

kate beaton

Tira de Kate Beaton, vía Pax Victoriana

George Sand: Amantine-Lucile-Aurore Dupin, nombre de soltera. No solo usaba un seudónimo masculino, sino que llevaba ropas de hombre, fumaba en público y los que habéis leído Instrumental tal vez la recordéis como la dama que traía por la calle de la amargura a Chopin. No conozco su obra, así que cualquier aportación vuestra en los comentarios será bienvenida.

Museo del Romanticismo. Fernán Caballero: Cecilia Francisca Josefa Böhl de Faber. Uno de los caso más conocidos para los lectores de nuestro país, aunque su obra esté tal vez algo olvidada. Novelas como La gaviota fueron pioneras en la introducción del realismo en España. Tuvo una vida de película, vivió y se codeó con la compañía más interesante de su tiempo. Por ejemplo, hizo buenas migas con Washington Irving. Este cuadro lo podéis encontrar en el Museo del Romanticismo.

George Eliot: Mary Ann Evans. Una de las grandes de las letras inglesas (algo que deberías comprobar por vosotros mismos leyendo Middlemarch), vivió en total ostracismo debido a que mantenía una relación estable con un hombre casado.

Víctor Catalá: Caterina Albert. En mi caso, desconocía totalmente a esta autora. Su novela Solitud (1905) es considerada un clásico del Modernismo catalán.

Colette: escritora, periodista, guionista, cabaretera, tumblr_o0s7otW7Hh1s7ebbao1_1280actriz… No podría hacer justicia a su vida en unas breves líneas (por suerte, pronto tendremos una película protagoniza por Keira Knightley, que sirve para damas de todas épocas y nacionalidades). Su caso para efectos de este entrada es algo distinto, ya que no usó el nombre de su marido para publicar sus primeros libros, la famosa serie de Claudine, sino que este directamente robaba sus escritos y los publicaba como si él fuera el autor.

Si conocéis alguna buena biografía sobre ella, por favor, dejadme un comentario. ¡Necesito leerla!

Isak Dinesen: Karen Blixen. Autora danesa, la obra más reconocida de esta baronesa es Memorias de África, aunque escribió multitud de libros usando hasta cuatro seudónimos distintos.


Para los propósitos de esta entrada, retrocedamos en el tiempo a la Inglaterra de George Eliot o las Brontë, e incluso antes de la época victoriana. Virginia Woolf en Las mujeres y la literatura indica varias causas por las que estas damas tuvieron que usar seudónimos masculinos:

«Puede muy bien ser que George Eliot y la señorita Brontë adoptaran pseudónimos masculinos, no solo con la finalidad de conseguir una critica imparcial, sino también para liberar su conciencia, en el acto de escribir, de la tiranía ejercida por aquello que se esperaba de su sexo».

Por un lado, tenemos la discriminatoria actitud de los críticos. Virginia no se equivoca acerca de la respuesta que tuvieron. En la reseña de Jane Eyre publicada en The Quaterly Review en diciembre de 1848, (una importante publicación tory recordada por sus brutales ataques a Keats —plebeyo—, Shelley —ateo—, y Byron —simplemente Byron—, en contraposición con los románticos de bien, Wordsworth y compañía) se dice que «if the author were indeed a woman, she must have “long forfeited the society of her own sex”». Lo mejor de todo, es que estas son las palabras de una mujer, Elizabeth Rigby, lady Eastlake. Me temo que lo único que le puede criticar a Jane Eyre es que tenga un personaje femenino de grandísima integridad moral en terribles circunstancias sociales, algo que a todo ser acomodado le debía suponer una conmoción al organismo. Como se defendía Currer Bell en el prefacio de la segunda edición de su novela: «conventionality is not morality».

charlotte

A su vez, la certeza de que se las iba a examinar de forma sexista afecta a la obra en sí. La huida del prejuicio empieza en el seudónimo, y puede seguir en la manera en la que uno se enfrenta a la escritura, ya que va de la mano con cómo se espera que se valore dicho trabajo (y esto es algo que tenemos presente hoy en día, fijaos como una novela de iniciación sobre mujeres es considerada como una segunda liga «sentimentaloide», pero si está protagonizada por un chico, es una historia universal de gran calado y relevancia).

En la sociedad victoriana, una mujer que escribía era un peligro para el statu quo. Una mujer escritora no era respetable, la simple decisión de coger una pluma era, en cierto modo, una ofensa. Me diréis que lady Eastlake acaba de hacer justo esto. Bien, porque era su papel. Las mujeres eran tanto la encarnación como la primera línea de defensa de la pureza moral, se hablaba de la belleza moral de su sacrificio por la familia. Por ello, los ataques a las escritoras que se salían de este rol era totalmente personales y no a su obra. Se tenía el derecho y el deber de esperar de ellas una pureza moral en sus obras por motivo de su sexo. Este es el caso en el que se podría tolerar su existencia. Jamás se consentiría que «familiarizaran la mente de nuestras jóvenes de clases media y alta con asuntos de los que los padres y hermanos jamás osarían a hablar en su presencia».

Estas palabras que acabo de traducir vienen originariamente de los labios de Charles Edward Mudie, un caballero inglés ponía 10.000 libros en circulación diariamente con su biblioteca itinerante, una especie de club literario bajo suscripción que hacía que personas que no se podían permitir el lujo de adquirir libros leyeran, pero solo aquello que estaba dentro de ciertos estándares morales. La literatura victoriana era bastante sermoneadora (de esto no se libran las Brontë tampoco) y claro, particularmente quisquillosa sobre los deberes femeninos en defensa de lo correcto y apropiado. Si eras mujer y encima escribías en contra de todo esto, ¿cómo no ibas a optar por un seudónimo masculino, aunque solo fuera para que tu obra viera la luz? Y estamos considerando la posibilidad de que se podía elegir. Cuenta Stefan Bollmann en Mujeres y libros como Jane Austen, décadas antes que estas autoras, ni llegó a ver en vida su nombre impreso en la portada de una de sus novelas. Su primera obra publicada, Sentido y photo-6sensibilidad, estaba escrita «by a lady», y el resto se distinguían como libros de la autora de Orgullo y prejuicio, Emma, etc. Es cierto que también se debía a estrategias comerciales, la gente se quedaba con el título sin que hubiera un culto al autor, pero pensad en como ahora hay todo tipo de productos austenitas bajo el sol y ella no llegó ni a ver su nombre en sus libros.

Así que como siempre que se habla de la historia de la literatura de mujeres, supongo que tenemos que considerar condiciones materiales, domésticas, posibilidades creativas, y los espacios y roles públicos determinados. He querido apuntar superficialmente algunas cosas que conocía, y espero no haberos aburridos con mi modesto refrito universitario (así me paso yo las vacaciones). Por supuesto que cualquier aportación es bienvenida en los comentarios.

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11 comentarios en “Escritoras y seudónimos masculinos

  1. Aún estoy procesando toda la información porque hay muchas cosas que desconocía como que Austen nunca vio su nombre en sus obras o el de Faber y el caso de Colette me recordó al de la pintora Margaret Keane, no sé si recuerdas que hace unos años se hizo una película sobre ella -Big Eyes- ella pintaba los cuadros pero los firmaba su marido…
    En España creo recordar que hace algunos años salió la noticia que las obras de Juan Ramón Jiménez eran escritas realmente por su mujer Zenobia Camprubí y si nos remitimos a la actualidad, tal vez no sea necesario usar un seudónimo pero libros escritos por mujeres sigue siendo sinónimo de “libros para chicas” o directamente dan por echo que es romántica o erótica… (aunque este apunte, también da para comentar largo y tendido, ya que no dan mucho bombo a libros que se salgan de esos géneros en España por ejemplo, al menos es mi percepción) por no hablar que en la Academia siguen siendo mayoría posaderas masculinas las que ocupan los sillones …..

    Me ha encantado la entrada Cris!!! son de las que lees y te aportan cosas interesantes para seguir investigando jejeje
    Un besoteee!! 😀

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    1. PD: se me olvidaba comentar que la primera que tuvo que usar seudónimos en España fue Concepción Arenal, usó el de su hijo de 3 años y cuando le concedieron el premio fue con su hijo desvelando el misterio y dejando en evidencia a todos …

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    2. Ay, me has recordado que tengo pendiente Bright Eyes, conocía la historia pero tengo que ver la peli.
      Lo de libros para chicas es para tirarse de los pelos, los libros de, sobre y para chicos se suponen que son para todo el mundo, pero los de chicas no. Ni siquiera para ciertas mujeres, si no para lectoras de segunda división, en según que círculos te arrugaran la nariz se hablas de ciertos clásicos, porque son “novelas románticas”. Grrr. Por último, no conocía los casos que me cuentas, apuntados quedan.
      Besos!

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  2. ¡Hola!
    No sé quien estará detrás de Elena Ferrante pero la verdad es que es demasiado intrigante. Yo no he leído los libros pero también sospecho que es un hombre.
    Tengo que reconocer que desconocía a muchas de ellas, me he llevado una sopresa con George Eliot. Me has dejado con la boca abierta con la historia de Colette, vaya marido más caradura… Si te avisan de alguna buena biografía suya compártela, me he quedado con ganas de saber más sobre su vida.
    La verdad es que tenía que ser muy duro y si la única manera de ver publicada tu obra era con seudónimo masculino pues yo también lo habría hecho. Curioso que Sentido y sensibilidad estuviera escrito ‘by a lady’, curioso que no viera ningún libro con su nombre y como han cambiado las cosas con los años.
    Una entrada muy interesante.
    Un beso

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    1. Yo estoy igual que tú con Ferrante, sospecho que puede ser un hombre pero aún no he leído nada suyo 😛
      Estoy buscando libros de Colette, estoy segura de que cuando se estrene la peli será más fácil encontrar algo. Lo de Austen es muy fuerte, si viera ahora la que tenemos montada con ella XD

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  3. Hola, la verdad no sabia que tantas mujeres habían optado por el seudónimo masculino, aunque como pones tu era obvio que recurrieran a ellos para que sus publicaciones salieran a luz o las criticas no despreciaran sus obras por el simple hecho de escribirlas una mujer, algo que lamentablemente ocurre hoy en día.
    Me pareció muy interesante tu entrada ;3 con muchos datos que no conocía (lo de Jane Austen me pillo de sorpresa) me gusto mucho tu blog, tienes una nueva seguidora, besitos.

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  4. He flipado con Fernan Caballero y Víctor Catalá, porque estoy segurísima de que las he estudiado en el instituto. Me suenan muchísimo. George Sand era muy grande xD Lo de Colette en fin, seguramente no sería la primera ni la última que vería sus obras robadas a manos de su marido. Y bueno, Memorias de África también me ha dejado en shock. Totalmente convencida de que el autor era un hombre.
    Lo que han tenido que aguantar las mujeres (y lo que nos queda) que no entraban dentro del molde que la sociedad había confeccionado. El otro día leía una entrada sobre mujeres científicas y adivina quién descubrió la doble hélice del ADN y quién se llevó todo el mérito. Lamentable. No me extraña que se volvieran locas, el que te pongan trabas a cada paso que das, el ver que la sociedad te da la espalda cuando sabes que eres capaz de ser algo más que una institutriz o una dama de compañía (Por cierto, “Mujeres sin pareja” de George Gissing trata sobre ello). Si yo me vuelvo loca cuando no tengo nada que hacer en verano y me siento una inútil si paso mucho tiempo sin hacer nada de provecho, imagínate ellas durante toda su vida T.T
    No conozco ninguna biografía, pero si me entero de alguna rauda y veloz te lo comunico 😛
    Gracias por la entrada, Cris <3<3<3<3<3

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    1. Me apunto el libro de Mujeres sin pareja, me suena pero no sé de qué. Y también me sonaba la historia del descubrimiento de la doble hélice, en ciencias es aún más duro. Al menos la escritura se podía practicar en casa y con pocos recursos, como le pasaba a Austen (si no has visto como editaba los libros con alfileres es la caña).
      ¡Gracias a ti por la propuesta! Espero que te haya gustado 😀

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