Moby Dick

Durante casi dos meses, una copia no precisamente ligera de Moby Dick me ha acompañado de un lugar a otro. Hemos viajado juntos por trenes, metros, autobuses, hemos esperado gente (o llegado tarde los dos), hecho turismo y cómo no, disfrutado juntos de un poco de playa. En algunos momentos, he pensado que tal vez lo nuestro no terminaría nunca, que el fin no se acercaba, y otras veces he dudado sobre qué iba a ser de esta pobre lectora cuando se acabara. Que qué leía después. Insisto mucho en mi amor por los tochos, pero hay algo especial en esa experiencia de sumersión total en algo ajeno a ti, y que no es algo de lo que sales tan pronto como llegas, si no que te acompaña durante mucho tiempo y deja huella en tu día a día. Por mucho que algunos defendáis obras de más brevedad, seguramente diciendo que se puede contar cualquier cosa en la mitad de páginas, que lo breve si bueno, dos veces bueno, yo os diría qué sí, claro. Pero no es lo mismo.

Nantucket

No creo que tenga mucho que añadir sobre la que se considera la gran novela americana. Seguramente todo lo que diga, o sea lo que ya han pensado la infinita cantidad de lectores que lo hayan perseguido (este no es un libro que se lee, se persigue a la ballena), o sea un refrito académico poco profundo. Igualmente, esto es lo que voy a decir.

I.

Moby Dick es un poco de todo lo que se encuentra en la literatura actual. Solo por su valor como antecedente y como pone en perspectiva muchísimas de las cosas que se escriben hoy en día, merece la pena. Tiene mucho de novela de aventuras, un claro espíritu romántico, sermones, filosofía, tratados científicos con pocas de ganas de ser irrefutables, reflexiones históricas, leyendas urbanas marinas, monólogos a la Shakespeare, piezas cómicas… Y todo esto no como referencias o influencias, sino literalmente cada uno de estos géneros forman el libro en sus breves capítulos. Y es que las ramas crecen del tronco; de ellas crecen las ramitas. De ese modo, en fructíferos temas crecen los capítulos.

II.

Todo esto es un gran desafío formal, pero uno con mucho corazón y sorprendentemente más humor del esperado. No es un libro fácil. Yo sufrí una crisis lo suficientemente grave como para tener que parar unas semanas. Cansa nadar en tantas direcciones a la vez, no os voy a mentir. Pero cuando lo piensas, menuda pasada lo que hace Melville, y mira que Moby Dick acabó con su carrera. El señor podía escribir bien y bonito.

III.

Me suele ocurrir que cuando me acerco a libros que imponen formalmente tanto no suelo encontrar el nivel de emoción que realmente es lo que busco en la literatura. Este es un libro con mucha humanidad (supongo que es obvio siendo una exploración sobre sus claros y sus muchos oscuros), y está en sus personajes. Está en el Ismael del principio, en Queequeg, en Starbuck, en Stubb (¡Remad, remad, mis valientes! ¡Remad, hijos míos! ¡Remad, mis pequeñines!), o en Pip (veo a Dickens en lugares inesperados).

IV.

Todas las partes de pura aventura marítima son una delicia. Lo exótico de los mares, la diversidad de todos los personajes que participan, la mágica Nantucket… son seguramente los elementos que más me han seducido. Tengo debilidad por todas las historias en alta mar, desde Vida de Pi a Relato de un náufrago. Sobre esto ya ofrece Melville una explicación en el primer párrafo. que explica porqué el mar me hizo enamorarme de pequeña de la película de Gregory Peck e intentar leer un primer volumen de esta historia, con resultados algo inconclusivos. Aún recordaba cosas de la presentación de Ahab, o tal vez sea un personaje tan mítico que está en la mente de cualquier lector. Otro argumento más a favor de su lectura.

moby dick

V.

Bien, entendemos que te ha gustado el desafío formal, que has disfrutado de su dimensión más humana, que los personajes son inolvidables, que quién no quiere hacerse a la mar y vivir multitud de aventuras. Pero, ¿y la ballena? Pues aún no sé qué o quién es Moby Dick. Es omnipresente, es violenta y peligrosa, es libre y poderosa, pero parece justa en su venganza. Me encanta que sea una alegoría universal, y que pueda ser tu símbolo, tu propia ballena blanca. El propio Ismael sigue teniendo dudas sobre ella, y os aseguro que parece que se ha estudiado el tema.

VI.

Si al final, os animáis y pensáis que pues ahora -mientras te arremangas las mangas de tu jersey- vayamos a por esa zambullida tranquila y serena en la muerte y en la destrucción, y ¡sálvese quién pueda! (sí, Ismael es un poco dramático), os aconsejo que elijáis un buena edición, tanto por todo el vocabulario marítimo que los grumetes lectores no dominamos, como por lo que ayuda conocer a Melville y su contexto en la literatura americana del s.XIX; ah, y que sin miedo. Las primeras 200 páginas y las últimas 100 y pico se leen solas, supongo que son la parte que sobrevivió la tremenda revisión de Melville, son pura novela de aventuras. Las páginas que restan son más duras de roer, pero los capítulos tan cortos ayudan mucho a seguir avanzando a buen ritmo, y el cambio de géneros a veces también desatasca los momentos más sesudos. Insisto en que es un libro que me ha costado tanto como encantado, pero siempre creo que cualquier lectura es accesible para cualquier lector. Lo único que necesita es curiosidad, tanto para abrir el libro como para rellenar los huecos que se encuentre. Con curiosidad nada es insalvable.

Existe un no sé qué de misterioso en este mar, cuyos movimientos suaves y aterradores parecen hablar de algún alma escondida debajo…

♦♦♦

*Nota al pie: Esta va a ser la última entrada por un tiempo, en las próximas semanas me toca trabajar 35 horas (bendito problema, lo sé), aprobar una anual que tengo por ahí (que os sirva de advertencia a los estudiantes a distancia demasiado ambiciosos matriculándose) y revisar mi libro. Ponedme una velita.

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14 comentarios en “Moby Dick

  1. Te odio y te quiero a partes iguales por esta entrada. Bueno, es más envidia que odio, porque Moby Dick es uno de mis eternos retos pendientes, y me tenía dicho que este año caía, pero de momento voy a ponerme con Lo que el viento se llevó en nada, y conociéndome, dos tochos de semejante calibre en el mismo año me parece que van a ser muchos. Pero comprendo perfectamente lo que dices sobre amar los tochos y esa sensación de que, aunque sufras mucho leyéndolos y a veces te agote psicológica y físicamente (tengo brazos enclenques, no estoy para coger tochos a pulso :P), luego, cuando son buenos, la sensación es diferente a la que te provoca un libro corto también bueno, aunque pienses que le han sobrado un par de cientos de páginas…

    En fin, que me voy por las ramas. Decía que también te quiero un poco, y es que me has dado muchos ánimos al hablar de la emoción. Porque es lo peor de las novelas-reto, como dices, que a menudo les falla el sentimiento y no te llegan, pero si dices que este no es el caso…

    Por otro lado, mucho ánimo con tus mil proyectos. ¿He leído “libro” por ahí *o*?

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    1. ¡No me das tregua, tanto amor y odio!
      También era uno de mis eternos pendientes (como Lo que el viento se llevó) y todos los veranos intento finiquitar uno. Ha sido agotador, pero mira, todo un éxito 😛
      Has leído bien con libro, pero seguro que no es para nada lo que te esperas. Gracias por los ánimos!

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  2. Pues yo no sé qué poner en mi reseña, aparte de que es unos de los mejores LIBROS QUE HE LEÍDO EN MI VIDAAAASDSSFLshFÑ Al principio iba con mucha cautela precisamente por el respeto que imponen los clásicos (ración doble por ser un pedazo de tocho), pero una vez que te sumerges en la historia y en la exquisita prosa de Melville, se te pasan las páginas corriendo. De hecho, a pesar de esas enciclopédicas parrafadas sobre cetología, mitos e historia de las ballenas, a mí me ha parecido una lectura super amena y me ventilé las casi 600 páginas que me quedaban en un par de días. Brutal la sensación de aventura y enfrentamiento con lo desconocido que desprende la travesía del Pequod. Además, los personajes son absolutamente entrañables y el final, demoledor.

    Espero que este hiato bloguero se pase pronto :(((

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    1. ¿Respeto a los clásicos? ¡Ninguno! Unos 170 años es una edad estupenda 🙂
      Yo reconozco abiertamente haber sufrido con los catálogos de ballenas y cacharros del barco, y seguro que muchos simbolismos me han pasado sin saludar, pero como dices, con la sensación de aventura te enganchas de nuevo.

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  3. Lo tengo pendiente desde hace tantos años… quería solucionarlo este año pero no sé si me va a dar tiempo. Si puedo me compraré la última edición que ha sacado Austral que la tuve hace poco en mis manos y me gustó 🙂
    Todo esto para decir que he leído la entrada un poco por encima porque intento leer los libros sin saber demasiado sobre ellos y aunque este es un clasicazo, he conseguido escapar de los detalles.

    Ánimo con el curro, el exámen y el libro ;D

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    1. La edición de Austral es muy mona, ni idea de la traducción pero seamos bien pensadas 😛 Yo me sabía el final del libro y aún así, me ha gustado mucho, y eso que son 850 páginas sabiendo como acaba.
      Gracias por los ánimos 🙂

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  4. ¡Hola Cris!
    Primero de todo decirte que eres una valiente, no solo por leértelo (que también), pero sobretodo por haberlo acarreado por todos con todo lo que eso conlleva: falta de espacio, dolor en los hombros…
    Viendo tu reseña que es más que positiva tengo que decir que me has alargado los colmillos. En casa lo tenemos y tiene una pintaza que para qué. Y es que impone mucho ese tocho, y yo como tú, los tochos también me pueden, son simplemente superiores. ¿No crees?
    No sabía que Gregory Peck (aka Atticus Finch para siempre en mi mente) hubiese salido en la peli. Razón de más para leer el libro y ver luego la adaptación xD
    Un beso guapa! Gracias por la reseña.

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    Una velita para ti! (no sé si habrá quedado bien, pero la intención es lo que cuenta, ¿no?

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    1. Estoy acostumbrada a cargar libros, siempre que salgo de casa voy mínimo con uno encima 😛
      Me alegro de encontrar otra “tocho lover”, no hay nada como una buena historia de 700 páginas. Ya tienes mucho ganado si no le tienes miedo a la longitud. Besos! (gracias por la velita cibernética).

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