Gilead

Para los propósitos humanos existe un sentido muy real en el que las personas están justa y apropiadamente asociadas a sus historias.

gilead

 

Gilead, de Marilynne Robinson, es la primera parte de una trilogía sucedida por En casa y Lila, y además la novela ganadora del Pulitzer de 2006 y unos cuantos premios más. Creo que las siguientes citas os pueden dar una idea del porqué:

Me asombró el efecto que producía la luz aquella tarde. He prestado mucha atención a la luz, pero nadie podría hacerle justicia, ni remotamente. Era la sensación de que aquella luz pesaba, que lo aplastaba todo hasta exprimir la humedad de la hierba y eliminar el olor a savia rancia y agria de los tablones del piso del porche e incluso cargaba un poco los árboles, como haría una nevada tardía. Era la clase de luz que se posa en tus hombros como un gato lo hace en tu regazo.

Me gustaría poder dejarte ciertas imágenes que tengo en la cabeza, porque son tan hermosas que detesto pensar que se extinguirán conmigo. Pero esta vida mortal tiene, de nuevo, su encanto. Y el recuerdo tampoco es estrictamente mortal en su naturaleza. Al fin y al cabo, resulta extraña esta capacidad de volver a un momento del pasado, aunque difícilmente puede decirse que este tenga realidad alguna, ni siquiera en su transcurso. Me refiero a que un momento es algo tan sutil, tan breve, que su duración no es sino un misericordioso aplazamiento de la ejecución del condenado.

John Ames es hijo y nieto de reverendo y ha dedicado su vida a predicar en el pequeño pueblo de Gilead, en Iowa, del que nunca ha salido. Pero hasta allí llegó la Guerra de Secesión, las ideas más agnósticas de moda en Europa, la Gran Depresión, la segregación racial; hechos que se entremezclan con su familia y los lazos de su comunidad. Enfermo de corazón y tras años y años de soledad, felicidad, pobreza y belleza por igual, decide escribir a su hijo una carta de despedida, sincerándose sobre su existencia e intentando pasar a la nueva generación lo que ha podido aprender y el recuerdo de sus antepasados. Esa carta es este libro.

Tengo un profundo desasosiego en el corazón. Resulta extraño sentir enfermedad y aflicción en el mismo órgano. No alcanzo a distinguir una de otra. Siempre he tenido por costumbre examinar la aflicción; es decir, seguirla a través del ventrículo y de la aorta para descubrir los rincones donde acecha. Ese viejo peso en el pecho, que me dice que hay algo en lo que debo profundizar porque sé más de lo que sé y debo aprenderlo de mí mismo, ese mismo peso viejo, me preocupa en estos tiempos.

Esta mañana, Kansas se desperezó de su sueño bajo un sol que se anunciaba majestuosamente, que proclamaba por todo el firmamento la llegada de uno más del muy finito número de días en que esta vieja pradera ha recibido el nombre de Kansas, o de Iowa. Pero toda ha sido un día, ese primer día. La luz es constante y nosotros, simplemente, damos vueltas en ella. Así pues, cada día es, en realidad, la misma tarde y la misma mañana. La sepultura de mi abuelo giró hasta quedar a la luz y el rocío de aquel pequeño espacio de mortalidad cubierto de zarzas resultó glorioso.

Cuando leas esto, espero que comprendas que al hablar de la larga noche que precedió a estos días de felicidad no recuerdo tanto la pena y la soledad, cuanto la paz y el consuelo: pena, pero nunca sin consuelo; soledad, pero nunca sin paz. Casi nunca.

Gilead es una historia de otra época, pero como libro es atemporal, tiene la personalidad y el peso de un clásico. Sus temas y sus enfoques pueden parecer algo anticuados, lejos del encanto canalla más atractivo presente en muchos autores modernos y la sensibilidad e inquietudes del lector actual. Este libro es lento. Es denso en temas y elegante en estilo. No tiene diálogos. No tiene acción. Es de género epistolar. Y el narrador es un predicador de setenta y muchos que se muere.

He estado intentando recordar qué hacían los pájaros antes de que hubiera hilos telefónicos. Debía ser mucho más difícil para ellos calentarse al sol, algo que, está claro, les encanta hacer.

Todos constituimos un gran secreto para los demás, en todas las cosas importantes, y creo que existe un lenguaje distinto en cada cual, como también una estética y una jurisprudencia distintas. Cada uno de nosotros es como una pequeña civilización edificada sobre las ruinas de una sinnúmero de civilizaciones anteriores, pro con nuestro propio y diferente concepto de lo que es hermoso y de lo que es aceptable.

Espero no haberos asustado en el párrafo anterior. Tal vez ya os habéis dado cuenta de que soy una lectora algo cursi, me gustan los grandes temas en mis libros, que haya algo transcendental en ellos que te haga pensar y llene el corazón. Que cuando cierres el libro sientas ganas de abrir los ojos al mundo y disfrutarlo. Eso es lo que hace Gilead, es un baño de luz sobre la consciencia y la visión de la vida. Me ha recordado un poco Al este del Edén, aunque esta sea una lectura de escala más épica, que se sale del campo doméstico y local en el que aquí se mueve la autora. Supongo que para disfrutar de este libro ayuda tener cierto interés en la filosofía y sobre todo, en la teología, y en caso de no ser así, es una buena excusa para explorar ideas y observar cómo la religión ha arropado y sigue marcando la existencia de muchas personas. El único problema que la lectura me ha planteado es que recurre a la mitología bíblica y a las Escrituras en algunas ocasiones, y el significado de esas reflexiones se pierde en mí como persona ajena a ellas. De la prosa poco puedo añadir, seguro que ya habéis disfrutado de un adelanto con alguna de estas citas.

Dedicadle tiempo. Si trasteáis en Goodreads en las reseñas de gente mucho más elocuente que yo, veréis a que me refiero.

Creo que el viejo tenía una idea demasiado limitada de lo que es una visión. Tal vez se había quedado tan deslumbrado, por así decirlo, con la gran luz de su experiencia que no había advertido que un sol imponente brilla para todos. Quizás sea ésta una de las cosas que quiero decirte. A veces, el aspecto visionario de un día concreto vuelve a ti al recordarlo o se te revela al cabo del tiempo.

El recuerdo puede hacer que una cosa parezca mucho más de lo que fue.

 

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13 comentarios en “Gilead

  1. Sin saberlo había apuntado en mi lista de GoodReads el libro de “Lila” y que es el tercero. Ahora he borrado ese y apuntado el de “Gilead”. Tiene muy buena pinta y números de que me guste así que ya he tomado nota.
    Sé a lo que te refieres y me llama mucho la atención. Aunque no soy religiosa para nada leer sobre la religión no me molesta en absoluto. Y supongo que me pasará como a ti con las Escrituras y otras referencias bíblicas (aunque un par si me sé, pero bueno).
    Pues eso que muchas gracias por la reseña! Un beso 🙂

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    1. Hola! Yo tenía el libro apuntado y me olvidé de él, hasta que salió este año Lila y me propuse empezar la trilogía, de hecho Lila es la mujer del prota 🙂
      Coincidimos totalmente con lo de la religión, ya me contarás si te animas con el libro, besos!

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  2. Madre mía, se me ha encongido el corazón con esas citas, y, aunque me pasa como a tí, que el tema religioso ni me va ni me viene (algo parecido me ha pasado recientemente con “Sophie Wilder”), sin duda quiero leerlo, ya que parece unos de esos libros en los que tras su lectura algo cambia dentro de tí.
    Lo que no tiene perdón es que lo tengo en la estantería desde 2011 sin hacerle ni caso 😦
    Muchas gracias por esta maravillosa reseña 😀
    Un beso!!

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  3. Me sonaba de oídas, pero no sabía ni de que iba. Mal por mí. Me han encantado los párrafos que has puesto y aunque el tema de la religión, a mí no me hace mucha gracia, le daré una oportunidad igualmente.

    Un beso.

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