Vicio propio

—¿Has estado tomando ácido, Bigfoot?

—No, a no ser que te refieras a la variedad estomacal.

Antes de comenzar, tengo que aclarar algo. Mi relación con Pynchon, ese ser desconocido, es conflictiva. Tan difícil que le tengo pánico. Yo soy una gran defensora de que cualquiera puede leer cualquier libro por muy “difícil” que sea, es una cuestión de ganas y que te interese (y sí no, pues a otra cosa, que lo mismo da dejarlo a medias). El problema es que oigo “Pynchon” y me entran sudores fríos, todo tras leer La Subasta del Lote 49, libro cortito que disfrutaba yo mogollón con toda mi inocencia hasta que, a la mitad, se me apagó el cerebro y no me enteré de nada, pero recuerdo la escena del Strip Botticelli, con una laca a propulsión y serenata de los Paranoides (y sus nenas) como el momento más divertido que he leído en mi vida. No exagero.

Así que puse mi ojo desde entonces en Vicio Propio, conocido como el Pynchon asequible (a saber qué es eso). Y finalmente, mi amor por Paul Thomas Anderson, que ha dirigido la adaptación, me animó a leer el libro antes de que salga la película. Y me alegro un montón de haberlo hecho.

vicio propio
Como diría Doc: “chachi”.

Tito roncaba en la otra cama. Ahí fuera, a su alrededor, hasta las últimas lindes de las habitaciones ocupadas, había fanáticos de la tele enganchados en el universo de vídeo: la isla tropical, el Long Beach Saloon, la Navel Espacial Enterprise, fantasías criminales en Hawai, niños monísimos es salones de ensueño con públicos invisibles que se reían de cuanto hacían, noticias breves de béisbol, imágenes grabadas en Vietnam, helicópteros armados e intercambios de disparos, chistes a medianoche, famosos hablando, y una chica esclava en una botella, Arnold el cerdo…, y ahí estaba Doc, sobrio, atrapado en un mal rollo de bajo nivel del que no sabía salir, dándole vueltas a cómo los Psicodélicos Sesenta, este breve paréntesis de luz, podían acabar finalmente y todo se perdería, volvería a la oscuridad…., a cómo cierta mano pavorosa saldría de la oscuridad y se reapropiaría del tiempo, con la misma facilidad que se le quita un canuto a un fumeta y se apaga para siempre.

Con Vicio Propio nos vamos a Gordita Beach, en la soleada California de los 70. Un detective privado llamado Doc Sportello, un tipo blanco con un afro, fumeta y de métodos únicos, recibe la visita de una ex, que le pide ayuda para esclarecer la desaparición de su actual novio, un empresario turbio que ha visto la luz y decide adecentar sus asuntos, con gran cabreo por parte de sus socios. A partir de aquí, Doc se lanza en una investigación con un ritmo demencial y una cantidad de personajes que van y vienen sin presentación ni explicación típica del escritor. Pero no temáis, que se sigue sin problemas. Lo que importa no es tanto la trama y su resolución, sino el cachito de L.A. que se presenta en cada momento, una ciudad conquistada más por la surfcodelia que por la psicodelia, surrealista, de metafísica hippie, colores brillantes y fenómenos paranormales, pero también la meca del cine, con ricachones que se ponen en casa el set de luces que usaban en la gran Ida Lupino.

Algunos días, entrar en coche en Santa Mónica era como tener alucinaciones sin pasar por las molestias de adquirir y luego tomar una droga concreta; aunque otros días, claro, cualquier droga era preferible a ir en coche a Santa Mónica.

Hay más motivos de esos pynchonianos en este libro: mucha paranoia, tubos de mensajería neumática, un malo que no se sabe si es un barco, una corporación o un cartel de la droga, y chicas malas sepsis (empiezo a sospechar que, o este no es su punto fuerte, o no le interesa ir más allá de la objetivización). Además, tiene un punto amable y humano, Doc es de los más entrañable, no puede evitar ayudar a todo el mundo o verse envuelto es sus problemas, como la subtrama del saxo de los Boards, mi favorita.

En su guarida de la playa, había una pintura de terciopelo de Jesús surfeando con el pie derecho por delante sobre una tabla toscamente tallada con outriggers, que pretendía sugerir un crucifijo, por más que se hubiera practicado poco surf en el mar de Galilea, lo cual no suponía gran problema para la fe de Flip. ¿Qué era “caminar sobre las aguas” sino la expresión con que la Biblia se refería al surf? Una vez, en Australia, un surfista local, que sostenía la lata de cerveza más grande que Flip viera en su vida, incluso le había vendido un fragmento de la Santa Tabla Verdadera.

A parte de la ciudad de Los Ángeles, su ambiente y sus locales (bandas como “Spotted Dick” o la empresa de Doc “LSD Investigations”, bares turbios como “Chick Planet Massage”  y sobre todo, la Agencia ¡Te Pillé! Searches and Settlements), su punto fuerte es el ritmo y lo divertida que es. La narración es como un pistón que te arrasa, desde luego no va a esperar al lector, donde todo avanza con un ritmo demencial sea importante o no; si es que realmente hay algo relevante para lo que creemos que es la premisa de la historia. Qué difícil me parece construir una novela negra así, y qué bien lo hace. El humor es otra de las señas de identidad del escritor y pocas veces se encuentra tanto ingenio en una página, funcionando tanto por lo absurdo de las situaciones, el poco sentido de lo que hacen y dicen los personajes o mi parte favorita, cuando se para a contarte pelis inventadas como otro episodio más. Necesito que alguien ruede ya La isla de Godzilligan. El cine, como no podía ser menos en ese escenario y en una novela de género noir, es fundamental y las referencias no paran. Ni os imagináis cómo he disfrutado leyendo que un personaje preparara una tesis titulada “De lo inexpresivo a lo demoníaco: usos subtextuales del lápiz de ojos en el cine”. Me ha hecho volver a clase.

Bajo la puerta de la oficina había esperándole una postal de una isla en el océano Pacífico de la que nunca había oído hablar, con un montón de vocales en el nombre. El matasellos venía en francés con las iniciales de una administrador de correos local junto con la anotación courrier par lance-coco, que, hasta donde pudo adivinar por el Petir Larousse, debía de significar una especie de reparto de correo por catapulta que incluía el uso de cáscaras de coco, tal vez para salvar un acantilado inabordable.

Para terminar comentaros que creo que la novela es prima hermana de Stone Junction, pero sin diamante (menos mal), y no debo ser la única, ya que Pynchon escribe su prólogo y de paso, la destripa, así que con precaución si también la cogéis. Aquí tenéis una entrada sobre Stone Junction con la que coincido plenamente, aunque Vicio Propio me gustó más.

Y ahora, a esperar la peli.

Inherent viceInherent vice

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13 comentarios en “Vicio propio

  1. Qué miedito me da este señor, no se ni con que libro empezar con él, aunque éste parece buen candidato y además la película estará protagonizada por Joaquin Phoenix que me encanta.
    Muchas gracias por animarme un poco más a estrenarme con este autor 😀
    Un beso!!

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    1. Yo creo que este es sin duda el mejor para empezar. También he leído que antes de lanzarse con El arcoiris de la gravedad hay gente que recomienda Mason and Dixon, porque son similares pero este es más corto. Pynchonianas perdidas que vamos a acabar. Besotes!

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  2. ¡Hola!
    No he leído nada de este autor, aún. Tengo muchas ganas de leer algo suyo y uno de los que más me llaman es el último que ha sido publicado. Al límite me tiene una pinta increíble y estoy deseando leerlo. Pero también me llevo apuntado este, porque tu reseña me ha dejado con ganas de leerlo. Ya te contaré si me animo pronto con él que me parece.
    Un beso

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  3. “Pynchon” y “accesible” en la misma frae? Mmm… Parece algo incompatible pero mira tu por donde llevo tiempo queriendo leer por fin al hombre este y voy a hacerte caso y me voy a creer que este es “facilito” (dentro de lo fácil que pueda ser Pynchon, claro), así que me lo voy a apuntar 🙂

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    1. De verdad que para empezar está bien, no me explotó el cerebro como con La subasta del terror jejeje. Espero que luego no vengáis todos en estampida pidiendo explicaciones 😀 Besos!

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  4. Te iba leyendo con atención, porque aún no he leído nada de Pynchon y tengo mucha curiosidad, porque todo el mundo se enfrenta a él con miedo. Así que me ha venido de perlas esta “guía” que me pones a mano: empezar con Vicio propio, prima hermana de Stone Junction (gracias por la mención, Cris). Qué bien me he ubicado, sobre todo sabiendo que no hay diamante. Así da gusto.

    Gracias y que tengas un buen fin de semana!!

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