Leer es divertido

Aprovechando que es fiesta y a lo mejor os pillo de relax, este blog va a quitarse la careta definitivamente y hablar de lo que realmente le gusta: el cotilleo. Hoy os he recopilado algunas de mis historias favoritas, que muchos ya conoceréis o habréis visto enlazadas de estrangis en otros posts o en mi Twitter. Se acabó el modo lector crítico, os presento la actitud con la que realmente me enfrento a la literatura:

Gremlins leyendo
Uyuyuyuy… YAAAS!!!

Ahora que ya conocéis mis peores intenciones, coger las palomitas y, ¡al pilón!:

 

1.- Hemingway y Fitzgerald, “measure for measure”:

Seguramente uno de los cotilleos más conocidos de la historia es con el que empezamos, básicamente porque Hemingway no tuvo problema en airearlo de forma auténtica y veraz en “París era una fiesta“. Si es que para qué están los amigos. Fitzgerald, recién casado con Zelda, tenía dudas sobre si daba la talla, esa talla en concreto, y como con cualquier otro problema, ayuda tener un referente con el que comparar. Así que se fue a comer con Ernest, le hizo jurar que sería sincero (sincero, a Hemingway), y después de acabarse la tarta de cereza se dirigieron al lavabo, para inspeccionar más de cerca el asunto. Ernest le aseguró a Scott que todo parecía perfectamente normal, pero que si tenía dudas se fuera al Louvre, contemplara, se inspirara y luego comparara ante el espejo, lo que hizo y no acabó de tranquilizarle, así que Ernest le dio el consejo definitivo…

‘It is not basically a question of the size in repose,’ I said.  ‘It is the size that it becomes.  It is also a question of angle.’ 

Palabras de un Nobel. Por desgracia, no conocemos la opinión de Zelda. Si queréis leer todo el fragmento, aquí está en inglés. La relación entre estos dos genios tan dispares ha dado para mucho: si se querían, se odiaban o se envidiaban, pero esta anécdota es parte de la historia de la literatura. Sobre todo viniendo de la pluma del macho alfa intoxicado por excelencia para el canon que es Hemingway, el mismo icono de la masculinidad del que una de sus mujeres dijo en el juicio de su separación que tuvo su primer orgasmo tras divorciarse de él.

Bueno, la verdad es que esto lo leí y os lo cuento de memoria ya que no tengo la fuente porque no la guardé. Así que podemos poner su veracidad entre dicho. O NO.

Midnight.in.Paris
Fun Fact: Es mi gran amor Peter Russo con peluca.

Tras socavar un poco más el rigor de este blog a base de especulaciones y rumores de lo más bajo, seguimos con…

 

 

2.- Ruskin y los problemas de usar el arte como única referencia.

El cotilleo por excelencia victoriano, y mira que les iba la marcha.

Os presento a John Ruskin, prolífico escritor, mecenas, filósofo y crítico de arte en el s. XIX. Fue una de las figuras más famosas de la época, defensor de Turner y el impulsor de los prerrafaelitas. En 1848, con 29 años, se casa con Effie Gray, una joven belleza aniñada, que le abandonó seis años después por John Everett Millais, el pintor prerrafaelita por excelencia y autor de la famosa Ophelia.

Hasta aquí me diréis: va, pues vaya cotilleo más flojo, queremos más.

Pedir y se os dará. Volvemos a la noche de bodas. Effie y Ruskin. Ese momento… ese momento trágico y terrible para un ilusionado Ruskin, acostumbrado a la suavidad y lo lampiño de las esculturas clásicas de pulido y brillante mármol, que llega al gran instante en el que va a rematar la faena y se encontró…Pelo.

¡Horror!, pensó un Ruskin enloquecido, ¡me he casado con un monstruo, un monstruo… peludo! ARGGGGH. Así pues, en seis años, fue incapaz de consumar el matrimonio. Pensar que entre los victorianos no se llevaba la brasileña, aunque supongo que Effie encontró una solución mucho más conveniente para ella: ligarse al aprendiz guapo y con talento. Bien jugado, hermana, que encima tuviste la bondad de airear todo el “peliagudo asunto” ante los tribunales para conseguir la anulación.

“Finally this last year he told me his true reason (and this to me is as villainous as all the rest), that he had imagined women were quite different to what he saw I was, and that the reason he did not make me his Wife is that he was disgusted with my person the first evening.”

ruskin
Forever alone. Ruskin retratado por Millais (risas).

Así que Ruskin fue el centro de un escándalo épico tras este episodio y no se volvió a casar. Nunca más, supongo que pensó. No tuvo un Hemingway que le guiara y le aconsejara viendo las esculturas, más bien tuvo a Lewis Carroll como amigo, y ya sabéis que era, presuntamente, un poco Humbert Humbert, y puede que no supieran mucho de cuerpos adultos.

3.- Joyce y las cartas a su mujer.

Damos un giro de 180 grados, y pasamos de los que se asustan ante un poco de vello púbico a los que no tienen miedo a nada.

James Joyce, el escritor más influyente del siglo XX, genio modernista que también andaba por el París de los 20, se casó joven con su adorada Nora, a la que arrastró por media Europa entre guerras y la generó no pocos dolores de cabeza (si os interesa el autor, la novela gráfica Dublinés de Adolfo Zapico es una muy buena biografía). Eso sí, la escribía unas cartas la mar de románticas, con perlas como esta:

“Perphaps the horn I had was not big enough for you”

¿Otro con problemas a la Fitzgerald? En todo caso, siempre llevando el simbolismo a la cumbre del género. Tanto darle vueltas a la culpa católica en El retrato del artista adolescente, para luego esto.

Esta reflexión es sin duda lo más tibio que aparece en las cartas. Como estamos en horario infantil, no os voy a poner el resto de lindezas cariñosas que dedica a Nora. Podéis leer una recopilación de lo mejor de lo mejor aquí, pero no os lo recomiendo si sois de espíritu débil. Hay muchas, muchas flatulencias.

joyce letters
Hark, a vagrant es lo mejor que me ha pasado.

Y pasamos del género de terror a la ciencia ficción y lo paranormal, que sé que os encanta.

4.- Expediente X con la ex de Cormac McCarthy.

Me diréis que es imposible que saque algo igual de jugoso de McCarthy, si todo es gris y terrible. Bueno, pero por asociación, aceptaréis a su ex mujer, ¿no?

Jennifer fue protagonista en las noticias hace unos años con un titular que decía tal que así:

Cormac McCarthy’s ex-wife busted after pulling gun from vagina during alien argument.

Tal cual. Real como la vida misma. Jennifer estaba tan tranquila en su camisón sexy blanco y tal, cuando su novio empieza a discutir sobre extraterrestres, otras galaxias y formas de vida cuando Jennifer decide enseñarle que es realmente algo alienígena y se saca una pistola plateada del mismísimo, argumentando su punto de vista con ella en la mano y claro, apuntando a la cabeza del suponemos estupefacto novio (al menos que todo fuera consensuado, claro).

The woman started having sex with the handgun, her boyfriend told cops, and asked him, “Who is crazy, you or me?”

Si así se las gastaba la mujer, no me extraña que Cormac nos haya salido tan tremendo.

En fin, a estas alturas me diréis que esto es sensacionalismo, no tiene nada que ver con las grandes figuras de la literatura universal.

Puede, pero mi teoría es que…

5.- Todos somos humanos y los clásicos también.

De los bajos instintos no nos libramos nadie. ¿O cómo definiríais que Mark Twain soñara con romper el cráneo de Jane Austen?

twain
Será mamón.

Si es que el mundo es como una gran instituto. Los celos, las envidias, el cotilleo, los pequeños rencores nos consumen a todos. ¿Si no cómo iban a ser capaces de escribir tan bien, emocionarnos siglos y siglos después, entender por lo que pasamos y ponerlo por escrito? Porque tanto en lo bueno como en lo malo somos todos iguales, y eso hace leer muy divertido. Aquí tenéis un estupendo gráfico con los insultos más brillantes que se han dedicado entre autores (por favor, cliquear y disfrutar). Os dejo dos de mis favoritos.

capote
Los que se pelean se desean. Otro día os hablaré de Kerouac.
nabokov the hemingway
Qué arte. “From Strong Opinions”, dice.

Si esto no os convence de que los clásicos no son unos aburridos, me rindo.

Hasta mañana, corazones.

 

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5 comentarios en “Leer es divertido

  1. Me ha encantado la entrada.
    Sabía lo de Hemingway y Fitzgerald, también había oído lo de McCarthy. Pero me dejas de piedra con lo de Ruskin XD Lo mejor que hizo su mujer fue dejarlo por otro.
    Para que después digan que leer es aburrido…

    Un beso.

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  2. Juas! Las cartas de Joyce a su mujer me han recordado a las que le mandaba Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós cuando estuvieron liados, no eran tan explícitas, pero si muy apasionadas.
    Una entrada muy divertida.
    Un beso!!

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    1. Yo dudo que nada pueda superar a Joyce, es traumático tanto en la intimidad como en plan Ulises 😉 Tengo que investigar a esos dos tortolitos, seguro que tengo cotilleo para rato. Besos 😀

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